El papel central de la mujer en la reconstrucción del Partido Comunista

“Os llaman hijos de Pasionaria, como si quisieran insultarme a mí,y no podían haberme hecho más honor al hacerme vuestra madre” 

Dolores Ibárruri

En noviembre de 1989, pocos días después de la muerte de Dolores escribía Manuel Vázquez Montalbán: “Pasionaria ya no es un simple apodo, sino un vocablo y un significado incorporado a todos los idiomas de la tierra. Los vocablos españoles incorporados hasta ahora son significativos: guerrillero, desesperado… pasionaria. Allá donde emerja una mujer que luche por cualquier causa de emancipación será llamada ya para siempre pasionaria. Éste es un tipo de inmortalidad que no se le ocurrió ni a Unamuno”.

Si miramos a nuestro alrededor estamos rodeados de “Pasionarias”. Mujeres partiéndose el alma parando desahucios, enfrentándose a los uniformados, organizando a los estudiantes, a los trabajadores en muchos comités de empresa, trabajando y organizando la resistencia en los centros sociales, en muchas tribunas, defendiendo a su pueblo allí donde sea golpeado, militando – o no – en el Partido. Entre ellas se reconocen, se organizan, te miran y se miran a los ojos de igual a igual. Sin embargo, en muchas ocasiones no son valoradas lo suficiente por los ojos prepotentes, que no reconocen – o temen – su capacidad de organización y dirección.

Son muchas las tareas que debemos abordar para reconstruir lo perdido, para reconstruir el país, para reconstruir el Partido. Y en esas tareas deben jugar un papel central las mujeres comunistas, quienes luchan en un entorno mayoritariamente ocupado por hombres y lo hacen sin resignarse a ser un cupo, con la doble dificultad de ser mujer y comunista.

No debemos olvidar nunca que las mujeres están cargando sobre sus hombros la mayor carga de explotación y violencia en todos los sentidos. Como trabajadoras la brecha en la tasa de empleo es enorme, pero aumenta casi hasta el 30% en lo que se refiere a la diferencia salarial.  Además, como mujeres soportan sobre sus hombros la mayor carga del trabajo familiar y lo hacen en una situación de enorme desprotección a la hora de acceder a prestaciones por desempleo o pensiones. A esto se une la violencia machista fruto de un sistema patriarcal que reproduce sus valores generación tras generación a través del sistema educativo y del aparato mediatico-cultural.

La realidad de la situación de la mujer, sector más explotado y desprotegido de la clase trabajadora, y ademas víctima de la cultura predominante, pone de manifiesto de nuevo la necesidad de emprender dos tareas fundamentales: organizar al Partido Comunista allí donde se produce la explotación, y e impulsar una contraofensiva frente la cultura hegemonica del capitalismo y el patriarcado.

En la medida que el Partido Comunista sepa reconfigurar su organización para integrar en sus filas a la clase trabajadora, la mujer, como sector más explotado y consciente de esta, asumirá el rol principal que le corresponde.

Por tanto, la organización del Partido Comunista para la Revolución, y no únicamente para las disputas electorales – que además se producen según las reglas y en los parámetros de la clase dominante – , y la batalla cultural total – con especial mención a los medios de comunicación -, será lo que situará a la mujer en el lugar de vanguardia que le corresponde y que también en el interior del Partido les es negado en demasiadas ocasiones.