El Partido Comunista y “España”

En 1970 Dolores Ibárruri escribía:

“La España «una, grande e imperial», que campea en las banderas franquistas bajo símbolos medievales, como el yugo y las flechas, arrancados de viejos escudos, que hablan de guerras y de luchas fratricidas, no tiene nada de común con la verdadera España. En su territorio peninsular e insular, España es varia y múltiple en sus hombres y en sus pueblos, y nada ni nadie puede borrar esta realidad. Un nexo común fundamental existe entre todos los pueblos y regiones de España: la clase obrera. Ella es igual a sí misma en todas las regiones y nacionalidades. Ella es hoy, y lo será aún más mañana, el aglutinante humano y social del multinacional Estado español, que habrá de estructurarse democráticamente al desaparecer la dictadura franquista”.

La dictadura franquista desaparecería, pero nunca llegaría a florecer la verdadera España de la que hablaba Pasionaria, y no lo hizo quizá porque especialmente a partir de la instauración de la Monarquía post-franquista la izquierda política y social, acomplejada, renunció a reivindicar esa “Patria” y esa “España” por la que millones de hombres y mujeres dieron la vida, las que como nadie reflejaron nuestros más grandes poetas, intelectuales y dirigentes obreros, desde Miguel Hernandez, Machado, Lorca, hasta Pepe Diaz o la propia Dolores. Esa Patria solidaria e internacionalista que defendieron con su vida aquellas heroicas Brigadas Internacionales. La que fue perseguida, encarcelada, asesinada y enterrada en las cunetas de los campos de España. Se renunció a la Patria como concepto de espacio de convivencia en paz entre iguales y libre de explotación del hombre por el hombre, como aspiración de Patria Internacionalista basada en la desaparición del antagonismo de las clases en el interior de las naciones, en la desaparición de la explotación de un individuo por otro, en  la abolición definitiva de la explotación de una nación por otra, en el derecho de autodeterminación de las naciones, también de las del Estado español.

En su momento la renuncia por parte de la izquierda a la Patria del pueblo y su rendición ante la Nación de reyes, fascistas y curas traería estos lodos. Más tarde, la traición – siempre en nombre de esa falsa España – de quienes sometieron nuestro ejército al de EEUU, de quienes supeditaron nuestra economía al poder financiero y económico internacional, de quienes saquearon la riqueza del pueblo y la pusieron en manos del IBEX 35, y de quienes desarticularon la fuerza social, sindical y politica acumulada durante la dictadura, nos conduciría a esta situación.

Hoy el pueblo español es un pueblo sin soberanía politica ni económica, un pueblo sometido a poderes antidemocráticos, que a lo largo de siglos se han conformado como tal a través de la imposición y la violencia. Hoy, la gran burguesía, con sus medios de comunicación y los partidos políticos de los que dispone, continúa el saqueo a través de las privatizaciones y el recorte de derechos fundamentales hasta limites insospechados hace no mucho tiempo. Todo ello desde una defensa patriótica de esa falsa España.

La izquierda renunció a proclamar que España no es una bandera, un himno, una cruz o una frontera. Renunció proclamar que España es su pueblo, sus trabajadores, sus parados, sus estudiantes, sus hombres y mujeres, nacidos aquí o en cualquier otro lugar del mundo pero que defienden con su trabajo o con sus luchas el patrimonio de todos: la sanidad, la educación, la cultura, la vivienda, la justicia… el futuro.

Por eso la lucha por la soberanía de nuestro pueblo debe ir necesariamente ligada a la reconquista de esos conceptos, y ello implica una batalla política, una batalla cultural y una batalla económica. Debemos volver a transitar la senda que recorrieron quienes durante siglos han luchado por hacer florecer esa verdadera España; esa España sin complejos, solidaria, culta y luminosa, con un nexo fundamental con todos los pueblos y regiones del mundo: la clase trabajadora.

Y esa también es tarea del Partido Comunista… de España.