Un PCE con un Plan A (anticapitalista) para Europa, la salida del EURO y la ruptura con la UE

El proyecto de la UE y el Euro han sido un terrible desastre para los pueblos de Europa, especialmente para la clase trabajadora y las capas populares. Los efectos sobre la clase trabajadora y sobre el tejido productivo de nuestro país han sido demoledores. Esto es un hecho absolutamente objetivo, fruto de un proyecto irracional y perverso cuya desaparición es cada vez más necesaria. Tanto la UE como el euro son irreformables dado que se han construido sobre los valores y los principios del neoliberalismo y para servir los intereses del poder económico y financiero.

La discusión radica en si la desaparición del euro vendrá dada por un proceso de ruptura desde la izquierda internacionalista, liderado por los trabajadores de los pueblos de Europa frente al gran capital, o lo hará por la derecha, si se permite que las formaciones de ultraderecha capitalicen el descontento y se produzca un peligroso proceso que tenga graves implicaciones políticas y sociales en el continente.

Lo que no parece probable es que la ruptura del euro se produzca mediante un proceso controlado y consensuado que evite daños imponderables, por lo que caminamos de una manera a que se produzca mediante salidas unilaterales de la zona euro.

Las ventajas de la “ruptura controlada” no garantizarían además un proceso sensato y equilibrado como podría ser deseable, y no es la opción en este momento, desde luego, de los poderes económicos y financieros para los que el actual proyecto europeo es una sofisticada y efectiva herramienta de dominación. Por tanto deben ser las posiciones rupturistas, internacionalistas y anticapitalistas las que lideren la recuperación de la soberanía de los pueblos para la construcción posterior de un proyecto económico europeo solidario y construido sobre unos valores distintos de los actuales.

No debemos negar en ningún momento que proceso de ruptura será turbulento y destructivo, pues hay muchos intereses confrontados, y no debemos olvidar que intentar que en el marco del capitalismo dominen otros valores y criterios es un acto de fe sin fundamento alguno. La UE y el Euro son irreformables.

Además, debemos recordar que se sigue en marcha el intento de implantar el acuerdo conocido como el TTIP entre la UE y los Estados Unidos con absoluta impunidad y secretismo, un tratado que destruye la capacidad de regulación de los estados en aspectos esenciales de las condiciones de vida de toda la población – laborales, sanitarias, ecológicas, culturales – y reduce la soberanía de éstos al punto de equipararlos – incluso someterlos – con las multinacionales en cuanto a poder de negociación.

Solo la salida del euro evitaría tener que compartir ese acuerdo que se está gestando a espaldas de los pueblos, y la lucha de estos por su soberanía irá inevitablemente ligada a la defensa y la construcción de la democracia política.

España, como otros países de la UE se encuentra desde hace años en una encrucijada: o se deja arrastrar por la senda de la austeridad a ultranza, como exigen las instituciones y los mercados financieros internacionales, o se emprende el camino de recuperar la soberanía económica y monetaria para construir un futuro que corrija el desastre en que está sumida la sociedad española. Un camino, desde luego, no exento de complejidad.

El PCE debe estar a la altura de las circunstancias y debe evitar que se confunda a la población, y no permitir que se susciten expectativas irrealizables que nos aboquen a una decepción profunda y frustrante que ocasione cambios contraproducentes en la conciencia de las gentes oprimidas y vejadas. Debemos decir claramente que en el marco de la unión monetaria no cabe otra política que no sea la que impulsa la Troika. Es esta verdad que hay que transmitir a la población y confrontarla con la encrucijada en la que seguimos instalados la sociedad española. Y debemos decir que incluso aunque desapareciera la deuda que devora al país no sería posible remontar la situación y crear una economía suficientemente fuerte y competitiva para sobrevivir en la zona del euro.

Es necesario dirigirse al conjunto de las fuerzas comprometidas con el cambio y a todos los ciudadanos que sufren descarnadamente la crisis económica para impulsar la única salida válida, la de la recuperación de la soberanía económica.

El PCE debe contribuir a liberar al pueblo español y al resto de pueblos de Europa del yugo impuesto por las oligarquías dominantes en la UE y poder así, fuera de la trampa del euro, construir una alternativa económica, social y política que nos aleje de la barbarie.

Ante el fracaso y los desastres causados por el actual proyecto europeo, los pueblos sojuzgados de la UE deben emprender otras soluciones basadas en la recuperación de la soberanía popular, la solidaridad, la cooperación y la fraternidad.

Por tanto, debemos apostar ineludiblemente por organizar la salida del euro, organizando y construyendo la alternativa, y siendo absolutamente claros con la población sobre la situación y la dificultad del camino.

Es necesario que el PCE apueste por la necesidad ineludible de romper con la Unión Europea y salirnos del euro, por lo que es necesario elaborar una propuesta política y económica sólida desde el campo del marxismo y la izquierda transformadora.

Confrontar con el consenso ideológico dominante que sitúa a la Unión Europea como falso garante del bienestar social y económico social y económico del país pasa por poner el foco en la raíz de buena parte de los problemas de la clase trabajadora y las capas populares: el paro crónico, la desindustrialización del país, el recorte de derechos políticos y sociales, el recorte de servicios públicos, la pérdida de poder adquisitivo, el aumento de la represión, el aumento del racismo y la xenofobia.

El PCE tiene la autoridad política para hacer un relato de lo que ha supuesto la UE para los pueblos de Europa y para los trabajadores y trabajadoras de nuestro país y del resto del continente. Un relato que comienza con nuestra oposición al Tratado de Maastricht (1992) frente al que ya argumentábamos – y el tiempo nos ha vuelto a dar la razón – que Maastricht no serviría para construir Europa, sino para destruirla. Ya se advertía que el Tratado suponía una reforma constitucional encubierta que entrocinaba a los mercados. Un Tratado que se iría modificando y ampliando por los Tratados de Ámsterdam, Niza y Lisboa, hasta constituir la actual arquitectura Europea.

En 1997 tendría lugar el Tratado de Amsterdam en el que se incorporaban Finlandia, Suecia y Austria. Con él se aprobaba el Pacto de Estabilidad y Crecimiento con el objetivo de la convergencia duradera, déficit 0 e incluso superávit, recomendación de recortes en gastos sociales, política fiscal regresiva, y con el que se acentuaba la precariedad en los planes de empleo, trasvases de fondos públicos (especialmente cuotas de la Seguridad Social) para subvencionar a empresas privadas y maquillar los déficit con la subsiguiente aparición de la llamada contabilidad creativa y además se intensificaba el desmantelamiento del sector público.

En el año 2000 el Tratado de Niza aprobaría para el 2004 la entrada de Eslovenia, Estonia, Letonia, Lituania, Polonia, Hungría, Chequia, Eslovaquia, Malta y Chipre. Un febril aumento de socios, a instigación de USA para controlar el patio trasero de la UE, que fue creando una situación en la que en la Unión existen varias velocidades en lo económico, lo monetario, lo militar y lo político. Cuando en el 2001 entró el vigor el euro el edificio estaba sólidamente establecido con la aquiescencia de fuerzas políticas (salvo IU y el PCE) y sindicatos.

Más tarde, en 2007, el Tratado de Lisboa promocionaría la desregulación del mercado e impediría la intervención del Estado para lograr objetivos sociales y se convirtió, en esencia, en el mismo tratado que fue rechazado por Francia y Holanda en 2004, la Constitución Europea.

En definitiva, la mejor estrategia pasa por plantear una oposición frontal al euro y a la UE con los argumentos que hemos ido construyendo durante años, cargándonos de las razones que nos da la realidad trágica de decenas de millones de trabajadores y trabajadoras de toda Europa; de millones de trabajadores y trabajadores y trabajadoras de nuestro país.

Somos la única fuerza que hemos tenido un planteamiento coherente desde el inicio de la construcción de la Europa de los mercados, por lo que debemos tender la mano a construir una alternativa política, económica, pero también cultural.

Es necesario un proyecto de integración europea, sin embargo este no puede darse mientras no se haya producido la recuperación de la soberanía política y económica de los pueblos de Europa. Y dicho proyecto deberá construirse precisamente con aquellos países cuyos pueblos hayan hecho efectiva su voluntad de conquistar su soberanía política y económica y además muestren su disposición de construir un nuevo proyecto de integración sobre unos nuevos principios y valores solidarios e internacionalistas.

En este sentido es importante dar prioridad a las alianzas con los paises más castigados por la deuda y sometidos por la arquitectura la UE, impulsando y coordinando un proyecto de izquierdas y rupturista con otras fuerzas europeas. Es posible fundar una alternativa anticapitalista que traspase el marco de los estados-nación sobre la idea de construir una especie de ALBA de los países periféricos de Europa

Es posible y necesario compatibilizar el anhelo de soberanía nacional generado por las políticas de recortes y austeridad de la UE con nuestra tradición internacionalista y los ilógicos complejos (fruto de errores propios) sobre el concepto de España que aún padecemos. Es imprescindible desde el PCE construir y trabajar un concepto de patriotismo revolucionario integrador con las nacionalidades del estado.